En la vida hay momentos en los que todo parece imposible. Ves gigantes delante de ti: personas, empresas, situaciones que parecen inalcanzables. Uno mira y piensa: “Yo no tengo con qué competir contra eso”. Pero con los años aprendí algo muy importante: no todos los gigantes son fuertes en todos los terrenos. Y ahí aparece lo que yo llamo el Efecto Gacela.
En una ocasión, yo tenía una Van común. Por las carreteras planas pasaban unos buses “Gacela” enormes, modernos, potentes. En lo plano iban rápido, firmes, imponentes. Yo no podía seguirles el ritmo ahí. Parecía que no tenía ninguna opción. Pero esos buses cargaban algo que yo no: peso.
No hay nada mejor que conocer uno sus fortalezas y en donde se aplican
Cuando empezaba la subida a la montaña, todo cambiaba. El peso que antes no importaba, ahora se volvía un problema. Los Gacelas sufrían, perdían velocidad, se quedaban atrás. Y mi Van, más liviana, más ágil, seguía avanzando. El mismo camino, pero otro terreno. Y con él, otras ventajas.

Muchas veces te comparas con otros en el terreno equivocado. Quieres competir donde ellos son fuertes. Pero la vida no es solo plano. También hay cuestas, crisis, cambios, momentos difíciles. Y es ahí donde muchos gigantes empiezan a fallar.
El Van no vence al gigante por fuerza bruta. Lo supera porque conoce dónde es mejor, dónde su agilidad, su rapidez o su resistencia marcan la diferencia. No se trata de correr más… sino de correr en el lugar correcto.
Todos tenemos un punto donde somos más fuertes. Tal vez no lo has descubierto todavía, o tal vez no te has atrevido a confiar en él. Pero al lo mejor tu eres de montaña, ese lugar donde otros se frenan y tú avanzas, el miedo cambia por confianza.
Conclusión No te intimides por las “Gacelas” gigantes del camino. No todo es velocidad en lo plano. La vida siempre tiene subidas. Y en esas subidas, muchas veces, el que parecía pequeño termina llegando más lejos. Encuentra tu terreno. Confía en tus fortalezas. Y recuerda: los gigantes también se cansan.