Volar una cometa no es solo soltar hilo. Es observar el cielo, sentir el viento y entender cuándo algo está pasando ahí arriba. Hay momentos en los que la cometa apenas se sostiene. Y otros en los que, de pronto, encuentra una corriente perfecta. En ese instante no se duda: hay que darle cuerda… y mucha. La vida funciona exactamente igual.
Hay etapas en las que forzar no sirve. El viento no está. Pero hay otras —pocas y valiosas— en las que todo empieza a alinearse sin tanto esfuerzo. Saber distinguirlas es una habilidad clave.
Si logras una buena corriente no lo dudes nunca
No llegan con un anuncio ni con garantías. Simplemente aparecen. Una oportunidad, una relación, un negocio, una idea que empieza a fluir. Si no estás atento, pasan… y no siempre regresan.
Ese es el momento de dedicar tiempo, foco y energía. No mañana. No cuando “estés más lista”. La cometa pide cuerda ahora, porque está encontrando altura.

No es soltar por soltar. Es acompañar el movimiento, corregir, sostener la tensión justa. Demasiado poco y cae. Demasiado desorden y se pierde el control. La atención plena es lo que la mantiene volando.
La cometa no se vuela para que flote un rato. Se vuela para llevarla lo más alto posible. En la vida, cuando la corriente es buena, hay que apuntar alto, no conformarse con lo fácil.
Conclusión La vida no es empujar todo el tiempo. Es saber cuándo empujar. Detectar esas corrientes favorables y aprovecharlas al máximo puede marcar la diferencia entre algo que pasó… y algo que realmente despegó. Porque cuando la cometa pide cuerda, no es casualidad.